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HISTORIA DE CANTABRIA

CANTABRIA

Prehistoria

La primera presencia humana en la cornisa cantábrica data de hace 200.000 años (Paleolítico).
El arte que desarrolló aquel hombre de las cavernas, rupestre y mobiliar, se encuentra a lo largo de una extensa nómina de cuevas cántabras (Altamira, El Castillo, La Pasiega, Las Monedas, Covalanas, Hornos de la Peña, El Pendo). Practicaban grabado, pintura y ciertos atisbos de escultura, representando sus presas de caza (ciervo, caballo, bisonte, reno), motivos geométricos y simbólicos, pero rara vez la figura humana y nunca sus enemigos depredadores.

Alta Edad Media

Leovigildo en 574 funda el Ducado de Cantabria como marca defensiva con capital en Amaya. Los primeros misioneros cristianos, San Millán de la Cogolla o Santo Toribio, no lograron gran repercusión. A comienzos del siglo VIII la invasión islámica alcanza Peña Amaya, empujando una importante inmigración hispano-goda que alterará fundamentalmente las estructuras socio-económicas y culturales cántabras.

En 722 la victoria de Pelayo en Covadonga permitió la constitución del Reino de Asturias, núcleo político dentro del cual se configurará la sociedad cántabra medieval: asentamiento de aldeas en los valles, implantación de una economía agraria asentada en el cereal, la vid y las frutas y triunfo del cristianismo introducirán el feudalismo en la región, con el desarrollo de señoríos religiosos vinculados a los primeros monasterios.


Baja Edad Media

El avance de la Reconquista hacia el sur marginó de nuevo la región cantábrica, que solo alcanzará un nuevo y relevante papel a partir del siglo XII, con la concesión de fueros a las villas marineras (San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro Urdiales) por parte de la corona castellana para impulsar el comercio de las lanas con el norte de Europa y asegurar las fronteras del reino. Las villas experimentan así un notable crecimiento demográfico y un desarrollo urbano alrededor de la pesca y el comercio, introduciendo el Gótico en la región (destacan las cuatro grandes catedrales). Su prosperidad les lleva a confederarse en la Hermandad de las Marismas (1296) con otros puertos del Cantábrico, sirviendo militarmente al reino en la reconquista de las ciudades andaluzas durante el siglo XIII.
La crisis del siglo XIV tiene su reflejo en las guerras de banderizas provocadas por los diferentes linajes que tejían la estructura señorial en Cantabria en pos de la extensión de sus patrimonios (La Vega, Manrique, Velasco). Esta ofensiva señorial desangrará el territorio cántabro (en villas y valles) hasta la imposición de la autoridad real durante el reinado de los Reyes Católicos.
Durante la Edad Media se articuló la estructura administrativa cántabra a través de Concejos, Juntas o Valles y Merindades (Becerro de las Behetrías, 1352), con la posterior implantación de los Corregimientos como instituciones de control estatal: uno para Asturias de Santillana, Campoo y Liébana y otro para las Cuatro Villas y Trasmiera.

Edad Moderna

El fin de la Edad Media en el siglo XV no alterará la situación de desvertebración política y administrativa en el área, compartimentada en villas y valles, realengo y señoríos, costa e interior. El siglo XVI marcará, además, la crisis de las villas marineras, afectadas por las distorsiones económicas provocadas por las guerras de hegemonía de los Austrias y por la sucesión de hambrunas y plagas entre finales de la centuria y la primera mitad del XVII. Por otro lado la introducción desde América de nuevos productos agrícolas, especialmente el maíz, mejorará la precaria dieta posibilitando una recuperación demográfica que se sostendrá a lo largo del XVIII. A partir de la apertura del Camino de las Harinas en 1753 Santander, convertida en el puerto de Castilla hacia América (Reales Decretos de 1765 y 1778), experimentará un fuerte desarrollo alrededor de las actividades comerciales: creación del Obispado en 1754, concesión del título de ciudad en 1755, creación del Consulado del Mar en 1785.
Los proyectos de unidad de las comarcas cántabras toman fuerza según se aproxima el final de la Edad Moderna, partiendo de dos ámbitos. Uno, tradicional, desde el Partido de las Cuatro Villas (buscando la defensa de sus exenciones fiscales) o desde la Provincia de los Nueve Valles (1778). Otro, vinculado a la burguesía santanderina, será el que triunfe con la Creación de la Provincia de Santander en 1801 y su restauración definitiva en 1833 dentro del esquema territorial implantado por Javier de Burgos.

Siglo XIX

Durante el XIX se inician y desarrollan procesos que configurarán la Cantabria contemporánea.

  • Administrativamente aparece la Provincia de Santander. Ello, no obstante, no acabará con los problemas de desvertebración e incomunicación que afecta a gran parte del territorio.
  • Económicamente triunfa la economía mercantil santanderina hasta que, en la segunda mitad de la centuria, el declive del comercio antillano lleve a una reorientación productiva: la producción vacuna y la minería antecederán al notable crecimiento industrial del siglo XX.
  • Socialmente es el siglo de la hegemonía burguesa, que verá aparecer a una nueva clase media y a una incipiente clase obrera con la progresiva introducción de las actividades industriales. Se inicia, además, el despoblamiento de los valles interiores, emigrando la población hacia la costa y los núcleos urbano-industriales (bahía de Santander, cuenca del Besaya, desembocadura del Asón, Castro Urdiales) y hacia el exterior (indianos y jándalos).
  • Políticamente se impone el liberalismo dinástico con la consolidación de la Provincia, que logrará un estable funcionamiento del turnismo durante la Restauración (1874), gracias a las redes clientelares tejidas por un caciquismo que encuentra un hábitat propicio en el rural y compartimentado espacio cántabro. En los núcleos urbanos se desarrollará un pujante republicanismo y finalizando el siglo aparecen las primeras organizaciones obreras.

Siglo XX

Los cambios iniciados en la anterior centuria se aceleran y profundizan, evolucionando la Provincia hacia lo que será la Comunidad Autónoma creada en 1983.

  • Demográficamente se certifica el virtual despoblamiento de los valles y montañas del interior alejadas de los principales núcleos y de las vías de comunicación, concentrándose la población en la costa en y las áreas urbanas.
  • Económicamente se consolida el desarrollo industrial basado en la producción láctea, la transformación pesquera, la química y la metalurgia, que alcanza su máxima expresión mediada la centuria, iniciando entonces un lento declive que desemboca en la fuerte crisis y reconversión de los años 70 y 80. Prolongado período crítico que influirá en la compleja estabilización de la Autonomía.
  • Socialmente se experimenta una notable proletarización, creándose un fuerte contraste entre áreas industriales y zonas agrarias que en los años 30 alimentó los enfrentamientos derivados en la Guerra Civil. La desindustrialización del último tercio de siglo alteró el perfil socio-profesional de la región, menguando considerablemente la población agraria, reduciendo la obrera e impulsando los sectores terciarios. Desde los años 60, además, se potencia una actividad turística marcada en exceso por la estacionalidad.
  • Políticamente arrancan los impulsos democratizadores en el primer tercio de siglo, consolidándose durante la II República, período de intensa actividad política. La imposición de la dictadura franquista eliminó las organizaciones democráticas y obras, sustentándose el régimen sobre unas remozadas redes caciquiles. La recuperación de la democracia a partir de 1975 hubo de pervivir, empero, con ese viejo caciquismo envuelto ahora en el discurso de un indeterminado regionalismo y sustentado en los vínculos entre clase política y promoción inmobiliaria, forjador de nuevas redes clientelares. Política marcada, además, por las tendencias conservadoras reforzadas tras el largo y traumático proceso de desindustrialización.


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